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miércoles, 15 de julio de 2026

"EL CONVULSO SIGLO XIX QUE TUVIERON QUE VIVIR Y SUFRIR LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES".

GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LAS PROVINCIAS DE ESPAÑA:

"EL CONVULSO SIGLO XIX QUE TUVIERON QUE VIVIR Y SUFRIR LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B. cronista histórico).

- (En homenaje a mi tierra, a mi país, a sus gentes, a sus memorias y a su historia).

INTRODUCCIÓN: España en el siglo XIX, quedó dañada y desgarrada con crueldad y saña por las sangrientas y estériles luchas, materializadas en diversas guerras civiles, y en múltiples y constantes insurrecciones y alzamientos en armas a lo largo de la orografía, todo ocurrido y sufrido año tras año, y repetitivamente a lo largo de todo el siglo XIX, todo embarazado por la política, la ideología y el fanatismo social que engendraron un monstruo que habitaba entre la población civil y en cada rincón y pueblo de España, este monstruo se llamaba violencia pura y extrema, y creció por motivos dispares y vivió de forma impune por múltiples faltas de cabezas serenas, falta de conocimientos, falta de sensibilidad y entendimiento democrático, y falta de saber ser y estar  de toda la sociedad en su conjunto, todos fueron responsables de ir construyendo un país débil y altamente tóxico, con una alta injerencia local de amenazas y violencias constantes condicionando la vida diaria y las libertades de las personas, como consecuencia floreció una sociedad altamente disparatada, muy fanatizada y sectaria, dividida, nociva, violenta y altamente perturbada a todos los niveles y estratos de abajo hacia arriba y viceversa.

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: 

(Documento fechado en febrero de 1875):

- AÑO 1875: Irurac bat. 6/2/1875. "LAS DOS TENDENCIAS (POLÍTICAS)". Vivimos en tiempos de decadencia. Lo muestran así todas las señales que en esta sociedad se advierten. No hay más que lanzar una mirada sobre el espectáculo que los partidos (políticos) ofrecen; no hay más que fijar la atención en esa guerra sangrienta, mantenida y avivada por gentes adictas a doctrinas condenadas por el espíritu de nuestras tiempos, para convencerse de que nos encontramos en una de esas situaciones en las cuales es preciso practicar todos los medios, que dentro de las prescripciones del gobierno existen, para conjurar las desdichas que devoramos y para llegar pronto a tiempos en que, disipadas las nieblas de lo presente, podamos contemplar a nuestra patria en la posesión de la paz y de la bien andanza que por todos títulos le corresponden.

- Una de las señales de esa decadencia, que lamentamos, es el fraccionamiento de los partidos políticos. Señal evidente es de fuerza y robustez en las sociedades, la lucha de las ideas, cuando el palenque (cercado) está abierto a todas las opiniones, pero acusa debilidad y decadencia en los pueblos ese fraccionamiento en la opinión, hasta tal punto extremo, que es arte principal a que no pueda encontrarse un principio común a que rindan acatamiento todas las conciencias.

- Y de este vicio general no han podido escaparse los partidos políticos que hoy rigen los destinos de la patria.

- De una parte están los moderados históricos que buscan inspiraciones en la intolerancia religiosa, y en la negación de principios sancionados ya en todas las naciones en donde la luz de la libertad alumbre; de otra parte los reformadores de ayer, los que consagraban con sus votos el Sufragio Universal, y la libertad de cultos, los que ejercían influencia y poder en situaciones avanzadas, buscando auxilios y aliados en el partido constitucional para oponer un dique a las exigencias de los moderados, que tienden a borrar de todo en todo las enseñanzas que nuestra nación ha adquirido en el largo trascurso de los tiempos.

- Aquí, los que quisieran inaugurar un régimen de resistencia a todo lo nuevo, allá los que pretenden el triunfo de una política de atracción y de transacciones con los elementos más afines a los principios que sustentan.

- Así, mientras unos diarios ministeriales tratan de borrar todo rastro revolucionario, otros brindan a las oposiciones con una política atractiva en que quepan todos, desde los carlistas que renuncien al triunfo de su caudillo, hasta los republicanos que se arrepientan y doblen voluntad a lo existente.

- Ambas aspiraciones se limitan por sí mismas. Y la verdad es que hasta los momentos presentes ninguna de las dos tendencias que dentro de la situación luchan, ha podido envanecerse con el triunfo.

- Pero lo que puede afirmarse es que no son ciertamente acertados los procedimientos de aquellos que pretenden realizar desde el ministerio una política atractiva.

- No atrae un poder a las oposiciones con decretos como el decreto sobre la prensa; no se puede llegar a la formación de agrupaciones políticas numerosas; no se persuade a nadie apagando la voz del pensamiento y negando toda discusión de principios, en la cual, cuando hay fe en las ideas que se sustentan y en las soluciones que se defienden, se espera siempre el vencimiento del adversario y su conformidad con los eternos principios de la razón y de la justicia.

- Por su parte, los que aspiran a retrotraernos al régimen de 1861 no muestran aquella energía, que es siempre signo seguro de la robustez y de la virilidad de los partidos (políticos).

- Parece que han perdido su antigua pujanza, y que las enseñanzas de los tiempos han entibiado, ya que no muerto y extinguido, su antigua fe.

- Pudiera decirse, que las dos tendencias que en la situación existen han firmado una tregua. Hasta ahora, sus diferencias no han salido a la superficie. Pero como es imposible ocultar la diversidad de opiniones, cuando se trata de adoptar medidas de gobierno, día vendrá en que esas dos tendencias se separen y en que se defina de una vez la política española.

- Esperemos en tanto a que esto suceda, para saber si nuestros deseos, que se concentran siempre en el bien y en la felicidad de la patria, han de realizarse en un porvenir cercano. (El Pueblo).

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: (Documento fechado en 1877):

“AÑO 1877: El Siglo futuro, diario católico. 24/8/1877, n.º 567. "Nuestro querido colega “La Fé” reproduce el siguiente artículo que se ha publicado en otro periódico de la corte, y que nosotros hubiéramos reproducido a la vez, a no ser por el exceso de original que había en nuestra redacción:

- REVISTA DE LIBROS. DORREGARAY Y LA TRAICIÓN DEL CENTRO.= Apuntes para la historia de la última guerra civil, por D. Antonio Oliver, general jefe de estado mayor general que fue del ejército carlista del Centro. (Bayona. Imprenta de la Viuda de Lamaignére, año 1876, 249 páginas y 54 de notas, en 4).

- Parece cierto, si hemos de dar crédito a varios testimonios, que algunas personas a cuyas manos llegó esta obra se han dado por enteradas después de leer únicamente su título.

- Parece cierto también, que hasta la fecha no ha tenido muchos lectores, según lo demuestra la singular maniobra, rara vez practicada, de ciertos periódicos ministeriales, quienes, sin duda para buscar lectores al libro, lo insertan por menudas partes en sus columnas.

- Si yo fuera autor del libro (doy gracias a Dios por verme privado de semejante fortuna), doliérame en extremo la conducta de los periódicos mencionados, y aun pusiera de mi parte cuantos recursos fueran necesarios para declinar sus interesados favores. Me ahorraría con ello toda suerte de comentarios, que maldito el favor que hacen.

- La pronta, inesperada y muy singular terminación de la guerra civil en el distrito del Centro hizo nacer toda clase de sospechas, no ya en los carlistas mismos, sino aun entre los más ardientes adversarios.

- El hecho de Cabrera; la conducta manifiestamente poco digna de algunos jefes carlistas, que habiendo merecido, a satisfacción de unos y otros, fama de valerosos, se pasaron luego a sus enemigos en circunstancias muy especiales; varios extraños sucesos que contribuyeron al acabamiento de la triste guerra, mantenida entre hermanos durante un quinquenio, y la imaginación popular, que busca en recónditas causas el origen de sucesos quizá naturales, dieron valor a la opinión de que, más que las armas, habían acabado con los carlistas del Centro otros medios menos nobles y honrosos.

- Claro es, que los jefes de aquella parte de España, tan castigada por la guerra civil, habían de ser el principal objeto de dicha opinión; y como por no sabemos qué artes se había dado en decir que eran alfonsinos en el fondo, y como a poco de ser proclamado D. Alfonso XII hubo un periódico semioficial que anunció la sumisión de Dorregaray, y como ocurrieron también luego otros sucesos inexplicables, la gente dio en asegurar en todos los tonos que existía la traición del Centro.

- Equivocase grandemente el Sr. Oliver al asegurar que esta opinión era exclusiva de los enemigos que tenía su jefe en el campo de D. Carlos, pues quizá participaban de ella más los liberales que los legitimistas, según hemos podido observar cuantos tenemos oídos para oír y ojos para leer.

- Con contar yo entre mis malas cualidades, la de ser en extremo apasionado en mis opiniones, y víctima de la imaginación con más frecuencia de lo conveniente, debo declarar que nunca fui de los que dieron crédito ni valor a las voces mencionadas.

- Aún hoy mismo, después de haber roto el Sr. Dorregaray los lazos que le unían con D. Carlos, entiendo que habrá sido desgraciado, o torpe, o soberbio, mas no traidor.

- Amante, sin embargo, de las glorias de mi país, y persuadido de que el Sr. Dorregaray ha sido en el Norte el único general de punta que ha producido la guerra última en uno y otro bando, duéleme que pudiendo pasar a la historia con cierta aureola, la haya desvanecido del todo, abdicando de sus hechos, de su nombre y de su carácter, al dirigir la incalificable carta que el Sr. Oliver ha incluido entre los apéndices de su obra, y al aprobar el espíritu y letra de esta, que más que tal, es un libelo de mal gusto, dirigido contra una persona a quien han servido hasta el fin de la guerra, y de quien han aceptado toda suerte de mercedes.

- El Sr. Oliver ha creído conveniente demostrar que no ha existido la llamada traición del Centro. Pero lo ha hecho con tan poco tino que hasta el título de la obra se vuelve contra él; porque es ciertísimo que al leerlo de creerse rectamente lo que bien claro dice.

-  A veces ciega el despecho de tal manera, aun a los entendimientos privilegiados, que no hay peso ni medida que avalore las humanas torpezas.

- Resulta de esto que quien gastó tiempo y dinero en allegar testimonios en su abono, consiguió únicamente poner al alcance de los más ciegos sus propias faltas, o al menos oscurecer su inocencia, si la tuviere, hasta cambiarla en aparente culpabilidad. ¿Ha logrado esto el Sr. Oliver en esta ocasión? Dicen que el Sr. Pirala lo dirá en breve y con franqueza.

- Entiendo que los mismos periódicos ministeriales, que con tanta algazara han rebuscado en el folleto en cuestión sus peores páginas, sin considerar que nadie podía contestar debida y merecidamente los ataques personales que contienen, habrán formado del libro una opinión análoga a la nuestra.

- Cierto es que la política tiene exigencias, que en general, somos poco escrupulosos en satisfacer; pero en el fondo del alma la conciencia grita muy alto, ya sea para los ministeriales, ya para los oposicionistas. Y tan cierto es esto, que no siempre hablamos particularmente como escribimos en letras de molde.

- Convino en extremo la conducta de Maroto al partido a quien favoreció del todo con su traición; resonaron algunos aplausos cuando D. Ramón Cabrera renunció a su historia; pero ¿Qué opinión han formado todos de ambos señores? ¿Quién ha llorado su muerte?

- Creemos oportuno decir esto, después de haber leído un día y otro día después de la publicación del libro del Sr. Oliver, La Época y La Política.

- En dicho libro se traza la historia de las operaciones militares dispuestas, más bien que acabadas, por el Sr. Dorregaray y los jefes que le acompañaron al Centro, así como de los que allí ejercían de antes diferentes ministerios.

- Para demostrar que durante el mando de aquel general mejoró extraordinariamente la situación del ejercito carlista de Valencia y Aragón, el Sr. Oliver expone lo hecho por otros generales de mando anterior.

- Mas ciego seria quien no viese que esta comparación está hecha con espíritu de manifiesta parcialidad, y sin más objeto que hacer responsables a todos, menos a Dorregaray y los suyos, del abatimiento y desorganización que precedieron al término de la guerra.

- Así es, que todos son cargos para D. Alfonso, Lizárraga, Cucala, etc.; todos descargos para sí y sus amigos.

- Y, sin embargo, el enfermo estaría muy grave, quizá es cierto; pero a manos de Dorregaray murió, lo cual es evidentísimo.

- De no estar hecho con un fin deliberado, el libro fuera útil bajo el punto de vista militar e histórico. El Sr. Oliver ha aprovechado el haber sido jefe del Estado mayor del Centro para ofrecernos curiosos datos, que suponemos exactos, sobre diferentes funciones de guerra, organización militar de las fuerzas carlistas, régimen administrativo impuesto a las comarcas que dominaron, apuros continuos que padecieron por falta de armas y municiones, planes del Gobierno, manejos de "cabreristas", como Patero, a quien trata desdeñosamente, jefes importantes, divisiones que entre ellos reinaron, etc.

- Soy enteramente ajeno a asuntos militares. Desconozco por completo, el mecanismo y la pauta a que se sujetan las relaciones técnicas del Estado mayor de los ejércitos; pero no soy tan lego en materia de narraciones históricas. Así, pues, si el libro del señor Oliver fuera solo técnico, no me entrometería en analizarle ni en juzgarle.

- Pero como él ha querido, con notoria intención, darle otro carácter bien distinto, autorizados estamos todos para mirarle de arriba a abajo, y aun para decir que está mal hecho. Su plan es tan defectuoso, que no parece tenerlo. El estilo no tiene gracia alguna. Las digresiones inoportunas son tantas, que más parece escrito para ellas, que, para contribuir a la historia de la guerra, y para demostrar la inocencia de Dorregaray y de sus amigos Álvarez, Oliver y Adelantado.

- No podía ser de otra manera. El verdadero fin del Sr. Oliver es poner de relieve la persona de D. Carlos y de cuantos le han sido fieles.

- A esto se dirige con encono que ni aun se cuida de ocultar. Pero como la pasión es mala consejera, el Sr. Oliver ha dado caídas lastimosas en el discurso de su larga diatriba. Así es, que acusa indirecta, aunque tenazmente, a don Carlos y a sus consejeros de haber disgustado a sus parciales por el indulto del coronel Sánchez, y a renglón seguido confiesa que Dorregaray no estaba dispuesto a fusilarle.

- Empeñase también en demostrar que don Carlos tuvo siempre mala voluntad a Dorregaray. Ignoro si los testimonios que aduce probaran en alguna manera esta suposición; pero quien con ojos imparciales lea el libro, no encontrará en sus páginas sino repetidas y suficientes pruebas de lo contrario.

- De teniente coronel llegó Dorregaray en poco tiempo a capitán general, recibiendo además un título honorífico. ¿Cuál de los generales carlistas obtuvo distinción semejante en esta guerra? ¿Quién ha recibido de don Carlos tantas pruebas de afecto y tantos elogios? ¿A quién ha dirigido una frase tan honrosa como esta que le dijo al mandarle al Centro: “Mas, porque yo no voy, vas tú; lo cual sirva a todos para comprender la extrema confianza que en ti deposito”?

- Quejas sin cuento exhala el libro que examinamos. Comprendemos que reconociesen por origen la torpeza o incapacidad de don Carlos, su mala dirección, su falta de tino al nombrar generales, su mala política, etcétera; pero como hombres honrados e imparciales, (y cuenta que La España no es política, ni lo es el presente articulo), negamos a los Sres. Dorregaray y compañía la justicia de quejarse y suponerse personalmente ofendidos de D. Carlos, quien nunca tuvo para ellos sino mano generosa para cubrirles de grados, títulos, mercedes y pruebas de afecto, sin que valga algún dicho en contrario, que casi no tiene otra autoridad que la muy triste de Patero.

- Y ocurría así aun después de lo del Centro. El Sr. Oliver consigna que en las postrimerías de lo del Norte, D. Carlos manifestó deseos de poner su ejército en manos de Dorregaray, único en cuya capacidad tenía gran fe.

- Es menester cierta gracia, y aun buena memoria, para llevar adelante determinados propósitos, sobre todo cuando van fuera de camino. Sí el Sr. Oliver hubiera tenido en cuenta verdad semejante, no contaría el siguiente hecho, que socava su tesis principal. Refiere, en efecto, después de decir cien veces que D. Carlos nada hacía a gusto de Dorregaray y sus amigos, que bastó una indicación del Sr. Oliver para que aquel se prestase al ascenso de Álvarez a teniente general.

- Tantos hechos análogos pudiéramos decir, que ni las columnas de un número de La Época o de La Política nos bastarían.

- Copia sin correctivo alguno, cierto comunicado del brigadier Jiménez Palacios, en el que, refiriéndose al celebrado canje de Cabanes, se asegura que él y Oliver, manifestaron el deseo de que muy pronto formemos los españoles un solo haz, frase en que los maliciosos han encontrado recóndito sentido.

- Se lamenta de que, cediendo D. Carlos a las exigencias de la opinión de su partido, y según se usa en casos semejantes, se abriese sumaria a los generales carlistas del Centro, después de acabada la guerra en él, y desciende, en lo que a su prisión toca, a consignar ridículos pormenores, quejándose hasta de si le hacían mal la cama, y si se levantaba polvo cuando barrían el cuarto donde se le recluyó.

- En cambio no explica el abandono de Cantavieja, donde inútilmente se sacrificó una escogida parte del ejército carlista, ni tampoco otras varías cosas, que son precisamente las que más han alimentado las sospechas de los malévolos.

- El Sr. Hernando, al escribir la Historia de la guerra civil última, lo ha hecho con una mesura, una discreción y templanza que jamás se alabarán bastante.

- No ha seguido su camino el Sr. Oliver, y por eso es de justicia censurarle enérgicamente. ¡Que disculpa tiene, por otra parte, un hombre que pelea largos años en defensa de una buena o mala causa, y luego de derrotada la abandona, y, lo que es peor, la ultraja con acerbo encono? Si D. Carlos era tal como el Sr. Oliver lo pinta, y su jefe Dorregaray reconoce, ¿Cómo permanecer a su lado hasta el momento de caer en desgracia, y cómo aceptan sus beneficios, órdenes y mercedes? ¿No fuera mejor y más propio de corazones generosos mostrarse cortesanos de la desgracia? ¿Acaso para aprovecharse de los beneficios de la amnistía y volver a España era necesario escribir un libelo contra aquel a quien juraron y defendieron como rey y señor?

- Largamente pudiéramos hablar de la obra “Dorregaray y la traición del Centro”. Mas preciso es terminar esta tarea, cuyo mejor remate será el siguiente suelto que acabo de leer en el periódico noticiero: “El ex-general carlista D. Antonio Oliver, jefe que fue del Estado Mayor de D. Carlos, ha solicitado por conducto del cónsul de España en Burdeos, que se le permita regresar a España, acogiéndose al decreto de amnistía de 20 de Febrero último. Lo mismo han solicitado ocho individuos más que figuraron en las fuerzas insurrectas.»

- Tengo por trasnochada la noticia, pues según mis informes, hace ya tiempo que el Sr. Oliver volvió a su patria.= (Escribe) Juan Catalina García.

(Nota: Juan Catalina García López (1845-1911) fue arqueólogo, historiador, bibliógrafo y político español).

ADDENDA, ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

ARCHIVO FOTO-IMAGEN: 

Imágenes cedidas por J. E. Prades Bel.  

miércoles, 7 de julio de 2021

ESPAÑA Y SUS COSAS, AÑO 1833.

 

(Temáticas) GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN:

POR: JUAN E. PRADES BEL (TALLER DE HISTORIA, MEMORIAS Y PATRIMONIOS).

(Sinopsis): RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR…  

(Temática): LAS EXPERIENCIAS Y RECREACIÓNES ANTROPOLÓGICAS DEL HISPANISTA RICHARD FORD (1796-1858), LEGAJOS DE SUS ENTRETENIDOS VIAJES CONVIVIENDO CON LA SOCIEDAD POPULAR  ESPAÑOLA EN LOS AÑOS 1830-1833.

"LAS COSAS DIGNAS DE ESTUDIO EN ESPAÑA, TEXTOS DE RICHARD FORD, ESCRITOS EN EL AÑO 1833".

Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL.

INTRODUCCIÓ: Este relato esta basado en una obra, con la cuál su autor el hispanista Richard Ford nos ofrece una lección de saber y nos da un buen repaso de conciencia, muy a tener en cuenta incluso en nuestros días para reflexionar como sociedad, las observaciones de este autor al que admiro, vienen a aportarnos una visión retrospectiva histórica sobre la manera de ser y de hacer en España y de las cosas impredecibles que el viajero podía tropezarse por el país, estas observaciones corresponden al primer tercio de la vida en el siglo XIX en España. En esta comunicación trato de recoger y resaltar las interesantes reseñas del hispanista Richard Ford, persona altamente implicada, sincero y preocupado por este nuestro país que igualmente es la tierra de acogida de nuestro autor, por ser este un gran enamorado de España y de sus cosas como bien le gustaba de resaltar; pues bien, hubiésemos podido o bien podríamos aprender todavía, de los mensajes que lanzaba Richard Ford hacia el corazón y el alma de los españoles, y bien nos pueden servir sus observaciones de acicate y de reflexión igualmente para los tiempos actuales del siglo XXI, para tratar de implicarnos si place en intentar mejorar el acerbo personal individual, en las decisiones y en los niveles para la mejora de la imagen y de la obra colectiva del país, y atender y no rechazar las observaciones críticas, y tratar de sintetizar hacia una sociedad prospera, productiva y no decadentemente crónica, débil y difícil, inspirándonos en el saber del pasado y en las observaciones que bien leídas se pueden entender como una mano tendida sin sacar las palabras Richard Ford de contexto, de lo que contaba de España en los mensajes retrospectivos de hace doscientos años, pero metódicamente actuales, con un tiempo de paso de dos largos siglos de los cuáles sabemos y conocemos la historia, sus acontecimientos y los resultados que se pueden valorar, que bien los hechos para mi entender denotan un comportamiento antrópico como sociedad, muy cercano a un perfil y diagnósticos de hábitos poco saludables y de temperamentos nos sobra, un triage que diagnostica a un país enfermo crónico (todo el siglo XIX), para tratar en el pabellón de psiquiatría (primera parte del siglo XX), y en el siglo XXI da signos de poca recuperación de espíritu, trabajo, organización y patriotismo, más bien presenta un retroceso progresivo en todos los campos. Hubiésemos hecho bien consultar de vez en cuando y entender las insinuaciones de Richard Ford, y abrir ciertamente nuestros ojos y nuestras mentes cerradas desde hace siglos, puesto que este autor nos saco los colores entonces, y comparándolo con el carácter actual de este histórico país de tumbos, vueltas, palitroques y palos de ciego oscos y permanentes, salvando las diferencias temporales acertó y todavía nos puede sacar los colores ahora en nuestra época doscientos años después. En el año 1833 aducía Ford de nosotros: "España es un ejemplo de la decadencia de la riqueza de las naciones, y como un buen tema para estudiar los errores que deben evitarse"

(Escribe: Juan E. Prades. Tesis y reflexiones, de mi burro entender (sorry for the inconvenience). 

EL HISPANISTA RICHARD FORD (1796-1858): Este artículo, se basa en una autobiografía, con las palabras y experiencias propias del escritor y viajero inglés Richard Ford, este ilustre personaje era un curioso aventurero y periodista atraído por la antropología, la filosofía y la literatura de España, y especialmente ilustrado por la obra de Cervantes. Richard Ford escribía, dibujaba y describía de forma concienzuda y realista las experiencias y situaciones de las que muy atentamente era testimonio presencial, de las cuales tomaba notas muy detalladas de todo aquello que para el, siendo extranjero procedente de un nivel económico alto y acomodado y de un país de costumbres mucho más refinadas que las de las clases populares españolas, describía en sus manuscritos y crónicas todo aquello que le resultaba llamativo y característico de sus compañeros de viaje españoles, con los cuales compartía asiento, hospedaje y mesa con los pasajeros que coincidía a lo largo del transcurso de sus viajes. Muchas de las crónicas que escribió con detalles de sus experiencias en España, fueron publicadas en la revista trimestral Quarterly Review. Ford se vino a vivir temporalmente en España por causas personales, concretamente en Sevilla, pero la aventura de Ford por recorrer España le sobrevino por la inspiración que le produjo la lectura de El Quijote de Cervantes. El editor londinense de la revista Quarterly Review llamado John Murray y amigo de Richard Ford, fue quien le animó e incitó a publicar las crónicas de sus viajes por España. Posteriormente, debido al interés y calidad intelectual de las crónicas, John Murray pidió a Richard Ford publicar un libro recopilatorio sobre España, para completar una colección de libros-guías que estaba editando sobre Europa para viajeros y lectores ingleses, Richard Ford accedió a escribir el libro recompilando las crónicas manuscritas de sus viajes y de convivencia entre los españoles de las clases populares; Ford explica este hecho en una carta a su amigo George Borrow, comentándole que está narrando a los lectores ingleses sus viajes a lomos de una jaca cordobesa (yegua de raza cordobesa). Este libro de viajes extraído y sintetizado de los manuscritos y experiencias de los viajes de Richard Ford por España, se publicó en Londres en el año 1841 con el título “Handbook for travellers in Spain and Readers at Home” y fue un gran éxito de ventas.

EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: DE LAS EXPERIENCIAS DE RICHARD FORD DE SUS VIAJES POR ESPAÑA, RECOPILADAS ENTRE 1830 Y 1833. LO QUE SE DEBE OBSERVAR EN ESPAÑA, EXTRACTO DE SU OBRA “THINGS OF SPAIN. THE COUNTRY OF UNFORESEEN”.

TEXTOS Y PALABRAS DEL PROPIO RICHARD FORD (1796-1858), FRAGMENTO DE SU OBRA:

- “COSAS DIGNAS DE ESTUDIO EN ESPAÑA”. "Siendo como son muchas las cosas dignas de estudio en España, no pocas de las cuales sólo allí pueden verse, bueno será advertir las que no han de encontrarse, pues no hay cosa que haga perder más tiempo que el darse uno cuenta de eso por sí mismo después de perder el tiempo y el esfuerzo. Los que quieran ver arsenales bien provistos, librerías, restaurantes, instituciones literarias o de caridad, canales, ferrocarriles, túneles, puentes colgantes, maquinaria, ómnibus, fábricas, politécnicos, cervecerías y semejantes instrumentos y pertenencias de un alto estado de civilización política, social y comercial, harán bien en no moverse de su casa. En España no hay administración de peajes, ni tribunales trimestrales, ni tribunales de justicia, de acuerdo con la significación real de la palabra, ni ruedas de castigo, ni consejos parroquiales, ni presidentes, directores, jueces extraordinarios del tribunal de cancillería, ni comisarios de beneficencia, ni mítines contra el tabaco y el alcohol, ni sociedades para ayudar a los misioneros, ni para ayudar a las paridas y recién nacidos; nada, en suma, que valga la pena de atraer la atención de un curial algo distinguido, a menos que sienta cierta predilección por el estudio de la ley de quiebras.

  España no es país para el economista político, salvo como un ejemplo de la decadencia de la riqueza de las naciones, y como un buen tema para estudiar los errores que deben evitarse, así como para teorías experimentales y planes de reforma y mejora. En España impera la naturaleza, que la ha dotado pródigamente con su suelo y su clima magníficos, dones que los españoles parece como que han tratado de inutilizar durante los últimos cuatro siglos con su culpable negligencia de discursos y banquetes agrícolas y no distribución de premios a los verracos y garañones más grandes y a los labradores con más familia.

   El terrateniente de la Península es poco más que un hierbajo del suelo; nunca ha observado ni apenas permitido que otros observen el gran partido que podría y debería sacarse de las cosas; parece como si hubiera puesto a España en manos de la curia; tal es la general dilapidación. El país es casi una tierra incógnita para los geólogos, naturalistas y todas las demás ramas de "ólogos" y de "alistas". Por todas partes es allí el material tan superabundante, como deficientes los braceros y artesanos. Todas estas interesantes ramas de investigación, sanas y agradables por ser estudios al aire libre, que ponen al aficionado en contacto directo con la naturaleza, ofrecen a los autores noveles deseosos de originalidad, asuntos más dignos que las viejas historias de bandidos, toreros y ojos negros".

ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS Y CITADOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN E. PRADES):

GARAÑONES: Garañón es un semental que proviene del asno de extraordinaria corpulencia que se echa a las yeguas para la procreación de mulas y de machos. El garañón debe ser grande y robusto de miembros, de cabeza abultada y que esta no se parezca a la del caballo. Ha de tener, además, la frente espaciosa, los ojos hermosos, el rostro, las mejillas, las narices, la boca y los labios grandes, las orejas empinadas, el cuello doble y largo en proporción, el pecho ancho, firme y lleno de músculos para que pueda sufrir las соces e injurias de las yeguas, las espaldas dilatadas y carnosas, los antebrazos y muslos gruesos, las rodillas y los corvejones grandes, las cañas enjutas y no muy gruesas ni delgadas, las cuartillas largas en proporción, las corvas unidas de pelo, los cascos lisos, algo acopados en sus partes interiores y proporcionados al todo de su máquina, esto es, que no deben ser muy diminutos ni muy abultados. Sobre todas estas buenas circunstancias, ha de tener los testículos grandes e iguales, la cola corta, el pelo negro, la veta sobre la espina del lomo, la cruz ni alta ni baja y en lo demás debe asemejarse, en cuanto sea posible a la perfecta formación de un hermoso y robusto caballo. El asno garañón debe echarse a las yeguas de tres años cuando menos y puede hacer su servicio hasta los diez años. Antes ni después nunca conviene, porque produce mulas y machos de poca substancia.

VERRACOS: Verraco es un cerdo macho que se utiliza como semental, los cerdos pueden utilizarse como verracos a partir de los dieciocho meses.

BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

(CONTINUARA).